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Tuesday, 14 February 2012

Ivonne

Agua del arroyo blanco, Agua para saciar mis labios,
Agua de tu primavera, de mi zalamera para mi corazón
Eres para mí como agua clara, Que corre hacia mi corazón como un río
Que nace y que muere en el fondo del mar.
Eres para mi como la luna, desnuda ante la noche.
Guiando mis pasos hasta el amanecer.
Siempre para mi eres lo primero. Aunque falte el dinero te quiero.
Yo sin oro ni plata te espero hasta el atardecer.
Tu serás la calma y el consuelo y el aire que me falta algunas veces
Agua del arroyo blanco, agua para saciar mi sed.

QUIÉREME, COMO SE QUIERE POR PRIMERA VEZ, QUIÉREME
QUIÉREME, PARA LOS RESTOS DE LA VIDA
Y QUIÉREME COMO SE QUE TÚ LO HACÍAS
Y QUIÉREME DE NOCHE, QUIÉREME DE DIA,
QUIÉREME COMO SE QUIERE POR PRIMERA VEZ, QUIÉREME
QUIÉREME PARA LOS RESTOS DE LA VIDA.
QUEDATE QUE MI ALMA ES UNA BULERÍA.

Agua del arroyo blanco, Agua pa saciar mis labios,
agua de tu primavera, De mi zalamera para mi corazón.
Te susurraré mil veces al oído que jamás buscaré nada fuera de ti.
Jamás besaré como te beso a ti, créeme.
Créeme porque es tan cierto lo que digo como lo es el sentimiento de un suspiro
Como el frío que siente tu piel, Sin abrigo, sin besos, sin sed.

Thursday, 9 February 2012

Me encanta


Me encanta Dios. Nos ha enviado a algunos seres excepcionales como Buda, o Cristo o Mahoma, o mi Papá, para que nos enseñen y guíen bien en este plano.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, plagas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando alejamos a Dios.

Sunday, 5 February 2012

7 pasos para la Felicidad

1.- Pensar menos, sentir más.

2.- Fruncir el ceño menos, sonreír más.

3.- Hablar menos, escuchar más.

4.- Juzgar menos, aceptar más.

5.- Ver menos, hacer más.

6.- Quejarse menos, aceptar más.

7.- Temer menos, amar más.

Tuesday, 31 January 2012

Decálogo

1. Mis manos son pequeñas, por favor no esperes perfección cuando tiendo la cama, hago un dibujo o lanzo la pelota. Mis piernas son pequeñas, por favor camina más lento para que pueda ir junto a ti.
2. Mis ojos no han visto el mundo como tú lo has visto, por favor, déjame explorarlo, no me limites innecesariamente.
3. El trabajo siempre está allí. Yo seré pequeño sólo por un corto tiempo, por favor, tómate un tiempo para explicarme las cosas maravillosas de este mundo, hazlo con alegría, disfrútame.
4. Mis sentimientos son frágiles, por favor está pendiente de mis necesidades. No me retes todo el día (a ti no te gustaría ser retado por ser tan duro). Trátame como te gustaría a ti ser tratado.
5. Soy un regalo especial de la vida, por favor atesórame, respetando mis acciones, dándome principios y valores con los cuales vivir y enséñame amorosamente.
6. Necesito tu apoyo y entusiasmo, no críticas para crecer. Por favor, no seas tan estricto, recuerda, puedes criticar las cosas que hago sin criticarme.
7. Por favor, dame libertad para tomar decisiones propias. Permíteme que me equivoque, para que pueda aprender de mis errores. Así algún día estaré preparado para tomar las decisiones que la vida requiere de mí.
8. Por favor no hagas todo por mí, de alguna forma eso me hace sentir que mis esfuerzos no cumplieron con tus expectativas. Yo sé que es difícil, pero deja de compararme con mi hermano o hermana.
9. No temas alejarte de mí por un tiempecito. Los niños necesitamos vacaciones de los padres, así como los padres necesitan vacaciones de sus hijos.
10. Dame ejemplos de vida, sé recto y honesto, sé espiritual. Yo aprenderé.

Monday, 30 January 2012

Vivir

Se me ocurre que hay dos maneras de vivir. En la primera se da todo por hecho, no hay asombro ni curiosidad, las cosas son así y no hay por qué preguntarse cómo fueron o cómo podrían ser. En la segunda, todo es milagroso y sorprendente. Vivir del primer modo es condenarse al tedio constante, pues se ve pero no se mira, cuando se acepta la vida como incesante milagro, entonces todo es gozoso y apasionante.

Tuesday, 24 January 2012

Buenos deseos

Yo te deseo la locura, el valor, los anhelos, la impaciencia. Te deseo la fortuna de los amores y el delirio de la soledad. Te deseo la inteligencia y el ingenio. Te deseo una mirada curiosa, una nariz con memoria, una boca que sonría y maldiga con precisión divina, unas piernas que no envejezcan, un llanto que te devuelva la entereza. Te deseo el sentido del tiempo que tienen las estrellas, el temple de las hormigas, la duda de los templos. Te deseo la fe en los augurios, en la voz de los muertos, en la boca de los aventureros, en la paz de los hombres que olvidan su destino, en la fuerza de tus recuerdos y en el futuro como la promesa, donde cabe todo lo que aún no te sucede...

Sunday, 15 January 2012

Me la pelas


Vayan ustedes a saber qué infierno personal pueda haber en la génesis del energúmeno evidenciado esta semana en las redes sociales y que responde al nombre de Miguel Sacal Smeke, rápidamente bautizado como “El Gentleman de las Lomas”. El punto es que los modos de este agresor (“¡me la pelas!”), al igual que los de Azalia Ojeda y María Vanessa Polo Cajica, las “Ladies de Polanco”, videograbadas en agosto del año pasado cuando maltrataron a policías de un puesto de control de alcohol (“¡nacos asalariados!”), así como la indiscreción twittera de una hija de Enrique Peña Nieto (“bola de pendejos envidiosos, parte de la prole”) y el cándido racismo facebookero del panista Carlos Talavera hacia las mujeres indígenas (“huelen impresionantemente feo, pero pues pobrecillas: no es lo suyo la higiene”), retratan de manera fiel las actitudes de la élite que detenta el poder económico, político y mediático en el País. Desde hace muchos años, en el México posrevolucionario, conforme la élite política y empresarial se iba convirtiendo en una oligarquía privilegiada y saqueadora, fue desarrollando un desprecio profundo por la mayor parte de la sociedad hasta empatarse en actitudes con los catrines porfirianos o incluso con los encomenderos del Virreinato.

El fenómeno no es nuevo; lo que pasa es que hoy en día la masificación de los registros en texto, foto y video han borrado las fronteras entre lo público y lo privado, y cualquier persona está más expuesta que antes a exhibirse tal y como es, a que se conozca lo que realmente piensa y, a que sus dichos y actos cotidianos queden registrados para vergüenza, regocijo o indignación.

En la indignada reacción masiva han proliferado expresiones simétricamente fóbicas, espejo de las palabras de menosprecio, propósitos de linchamiento: el empresario agresor es grosero porque es judío, las procaces de Polanco son pirujas y los políticos (y sus hijos) son todos unos patanes. En las personas mencionadas en el primer párrafo se ha concentrado, para su desgracia, extraviadas reacciones insultantes, racistas y discriminatorias al insulto y la discriminación que resultan lamentables en sí mismas, pero también porque dificultan la comprensión de un clasismo y un elitismo mucho más extendido, profundo y preocupante que unas cuantas insolencias difundidas urbi et orbi por la magia de Youtube y de Twitter.

Vamos a ver: tal clasismo tiene como núcleo central la noción –no muy apartada de la realidad, hasta ahora– de que se puede y debe ejercer el poder político y económico en forma absoluta, arbitraria, ilimitada e impune, e incluso en abierta violación a las leyes y reglamentos que debieran entenderse como constitutivos de esos poderes. Por eso, las Ladies de Polanco se sienten posibilitadas para infringir el Reglamento de Tránsito. Si unos efectivos policiales pretenden impedirlo, bastará, para ponerlos en su lugar, con verbalizar la diferencia de clase que respalda cualquier infracción: “¡Nacos asalariados!”.

Para sorpresa, o no tanto, tal conjuro, que es la erección de una barrera social instantánea, surte su efecto y los agentes del orden se ven de inmediato reducidos a la impotencia por el poder de tales palabras. Poco importa que las majaderas pertenezcan a una desesperada clase media y que apenas estén haciendo unos dudosos pininos en la incorporación al mundo del espectáculo: la injuria impresiona porque se asume, sin dudar, que sólo unas personas realmente picudas pueden pronunciarla.

La discriminación verbal es un arma arrojadiza de alta eficacia. “¡Pinche naco jodido!”, se oye en la grabación de un pleito de cantina protagonizado durante el Mundial de Futbol de Sudáfrica entre el exdirector del Fonatur Miguel Gómez Mont y su parentela, y familiares del futbolista Cuauhtémoc Blanco. Cualquiera de los bandos pudo pronunciar la expresión, porque ambos podían sentirse con derecho a ello.

En ese reducido universo social para cuyos integrantes no existe frontera alguna entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal, los poderosos no se equivocan y el que sostenga lo contrario, miente. Cómo se les ocurre que Papá podría desempeñarse mal en un acto público. Si sostienen tal cosa no es porque tengan razón, sino porque son “resentidos, envidiosos, pendejos y prole”.

Si el empresario de Bosques de Las Lomas estaciona mal su vehículo y una grúa se lo lleva, el resto de la sociedad –representada, bien o mal, por los operadores del vehículo de arrastre y por un testigo que videograba los hechos– “se la pela”, y por él, que vaya a sancionar “a su puta madre”. Él nada más es beneficiario de la ley y el orden y no está obligado a nada. Los miles de pesos que paga por mantenimiento en el edificio donde vive lo convierten en dueño de los empleados del multifamiliar y, para que no quede duda, la emprende a golpes contra uno de ellos que se niega a acatar una orden disparatada y arbitraria.

“Me la pelas” es la verbalización de una actitud generalizada de un ejercicio de poder político, empresarial y mediático desorbitado y enloquecido que no tiene empacho en hacer pedazos al País con tal de hacer negocios jugosos de toda suerte. La expresión representa fielmente a Ernesto Zedillo pretendiendo prolongar su inmunidad presidencial doce años más de que prescribiera, para evitar que lo juzguen por la masacre de Acteal, propiciada por su gobierno; a Carlos Salinas, quien se placea de manera impúdica, al suponer que ya se nos olvidó el enorme daño que su gestión le causó a México; a Felipe Calderón, empecinado en seguir alimentando un conflicto armado sangriento y absurdo y en vendernos a más del doble de su costo una porquería que, si llega a ser conmemorativa, lo será de la corrupción monumental de su administración; a Peña Nieto, quien supone que puede emitir en público todos los rebuznos que desee sin que ello afecte su popularidad, porque cuenta con los recursos para mandarse a hacer encuestas que le resulten favorables.

Nada de esto es (tan) nuevo. Ya en décadas pasadas, Fidel Velázquez se ufanaba de que los legisladores de oposición habían pretendido interpelar a Miguel de la Madrid y “se la pelaron”, (Proceso, 3/09/88) Emilio Azcárraga Milmo se enorgullecía de hacer televisión para “un país de jodidos” (Televisión sin fronteras, Florence Toussaint, p. 114) y el ex góber precioso Mario Marín (reaparecido hace unos días al lado de Peña Nieto) presumía al empresario Kamel Nacif una impunidad que le permitía “darle un coscorrón a esta vieja cabrona”, en el marco de la conjura que ambos organizaron en contra de la periodista Lydia Cacho.

Las aplicaciones tecnológicas debilitan severamente las fronteras entre los vicios privados y las virtudes públicas y permiten que los primeros estén mucho más expuestos que antes. Pero la exhibición no basta para erradicarlos, como no basta tampoco la indignación que provocan. En tanto no decidamos en forma colectiva poner fin a este estado de cosas, seguiremos siendo unos “pinches nacos jodidos” que “se la pelan” a los poderosos.

Friday, 30 December 2011

Deseo

Querid@s Esposa, Hijos, Mami, Herman@s, Amig@s y Conocid@s, hay años tan bellos, que los sentimos pasar por el corazón...

Son años cargados de alegrías... de esperanzas...de ilusiones.

Son años que al recordarlos nos hacen sentir más jóvenes...llenos de vida.

Son años que no pesan, al contrario pasan tan rápido que quisiéramos detenerlos, pues en cada vivencia nos encontramos sonrientes, felices...encantados.

Hay años que nos hacen sentir sin fuerzas, que nos debilitan, sin ilusiones, y que deseamos que terminen pronto.

Son años "tristes", quizás con marcadas ausencias, quizás con un adiós que quedó grabado a fuego en la memoria, o tal vez con pérdidas tan grandes que hasta nos hacen sentir que estamos perdidos, navegando sin rumbo fijo.

Son años en los que pesa el dolor, la angustia, y en los que duele el pecho y un se nos hace un "nudo que aprieta la garganta”...

Hay años que por ser tan lindos los guardamos en nuestro recuerdo como un tesoro para recordarlos siempre.

Pero también hay años, que preferimos arrancar el calendario para poder olvidarlos.

Querid@s por alguna razón nuestra comunicación no ha sido fluida, pero siempre han estado en mi mente y en mi corazón y ahi permanecerán siempre.

En este fin de año, solo quiero desearles, que éste 2012 sea mucho mejor...

Solo o acompañado, quiero que sepan que estaré brindando por ustedes, por su salud, por su felicidad, por sus logros, y por sus sueños.

La vida no es fácil, a veces cuesta enfrentar al dolor, cuesta mucho decir adiós a quien amamos, cuesta hoy ver en la cena lugares que nunca pensamos que podrían estar vacíos, cuesta enfrentar la enfermedad y muchas veces nos cuesta aun más volver a comenzar, recuperar un amor perdido, volver a levantarnos...

Pero la vida continúa y nunca sabemos qué hay detrás de tantas emociones, de tantos sentimientos, de tantas vivencias.

Solo debemos apostar con fe y esperanza, poner nuestra confianza en Dios para un futuro mejor, para una vida mejor.

Por eso siempre estarán en mis oraciones, deseando que siempre tengan amor, salud, prosperidad, paz, felicidad, y todo lo lindo que se merecen, a ustedes que me han dado todos estos años, cariño, comprensión y una amistad limpia y desinteresada.

Pongo toda mi fuerza en este deseo de hoy y en mi corazón siempre habrá un sitio para ustedes y les deseo que el 2012 sea uno de sus mejores años.

BESOS Y MARES DE CARIÑO

Thursday, 29 December 2011

Frases

No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay,
ni fingirlo donde no lo hay.

Sé Feliz... porque el amor llega, porque la verdad insiste, porque el coraje te levanta, porque el miedo te fortalece, porque los errores te enseñan, porque la piedra nunca es tan grande, porque las injusticias se pagan, porque el dolor se supera, porque estás aquí y ahora.

Estar es fácil pero ser, ser está muy cabrón.


Thursday, 22 December 2011

Reír Llorando



















Viendo a Garrick -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
“Eres el más gracioso de la tierra,
y el más feliz…” y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
sufro -le dijo-, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.

-Viajad y os distraeréis. -¡Tanto he viajado!
-Las lecturas buscad. -¡Tanto he leído!
-Que os ame una mujer. -¡Si soy amado!
-Un título adquirid. -¡Noble he nacido!

-¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas.
-¿De lisonjas gustáis? -¡Tantas escucho!
-¿Qué tenéis de familia? -Mis tristezas.
-¿Vais a los cementerios? -Mucho… mucho.

-De vuestra vida actual ¿tenéis testigos?
-Sí, más no dejo que me impongan yugos:
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos, mis verdugos.

Me deja -agrega el médico- perplejo
vuestro mal, y no debe acobardaros;
tomad hoy por receta este consejo
“Sólo viendo a Garrick podréis curaros”.

-¿A Garrik? -Sí, a Garrick… La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡Tiene una gracia artística asombrosa!

-¿Y a mí me hará reír? -¡Ah! sí, os lo juro;
Él sí; nada más él; más… ¿qué os inquieta?
-Así -dijo el enfermo-, no me curo:
¡Yo soy Garrick!… Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.


Juan de Dios Peza

Monday, 28 November 2011

Listonto

Los listos viven de los tontos, mientras los tontos sirven a los listos. Muchos listos se hacen el tonto. Pero para hacerse el tonto hay que ser muy listo. Son tantos los tontos y tan pocos los listos, que no entiendo que un listo quiera hacerse el tonto. Si son menos listos que los tontos, ¿para qué hacerse el tonto? Luego el listo que se hace el tonto, es tonto. Y si es tonto, ¿cómo parecía listo? Así, pues, el tonto puede parecer listo. Que tan fácil le es a un tonto parecer listo como a un listo parecer tonto.

Abunda el tonto que medra y el listo depauperado. Luego para una postura práctica ante la vida, ¿qué es mejor, ser tonto o listo? Es tonto pasarse de listo y es tonto pasarse de tonto. Por tanto, lo mejor es no pasarse ni de listo ni de tonto.

He dicho.( aunque no sé muy bien qué)

Tuesday, 15 November 2011

Insolencia

En mi casa me enseñaron bien.
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.

Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.

No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas... Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.

Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”.

Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.

Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente..

La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible.

El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo.
Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.

Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un pendejo, si me lo permite decir).

El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.
Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad.

En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.

Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.

Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa.
Y así creí que sería en la vida.. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado.

Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.

Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo.

Eso es lo que nos arruinó. LA INSOLENCIA.

Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes.

La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.

El mal de la sociedad actual es la insolencia.

La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza.

La insolencia hace un culto de cuatro principios:

- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas sólo si me sirves.

La insolencia admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación.

La insolencia logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira.


Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.
Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

Bueno, y así están las cosas. Ah!, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?


Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes?

Yo se lo voy a contestar.

PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse; es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.

Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros.

No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un bote de basura. Si no hay un bote de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.

Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.

Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA.

Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.
Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa.

Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío.
Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: o aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.

¿A USTED QUÉ LE PARECE?

¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?

Espero no haber sido insolente.

En ese caso, disculpe.

Monday, 17 October 2011

La vida es corta

Haz lo que amas, y hazlo frecuentemente. Vive. Si algo no te gusta, cámbialo. Si no amas tu trabajo, renuncia. Si no te alcanza el tiempo, deja de ver la televisión. Si estás buscando al amor de tu vida, detente, te encontrará cuando empieces a hacer las cosas que amas. Deja de analizar de más, todas las emociones son bellas. Cuando comas, disfruta y aprecia cada bocado. La vida es simple. Abre la mente, brazos y corazón a nuevas cosas y gente, estamos unidos en nuestras diferencias. Pregunta a cualquier extraño que le apasiona, y compártele tus sueños. Viaja seguido. Perderse ayuda a encontrarse a sí mismo. Las oportunidades sólo se presentan una vez, aprovéchalas. La vida trata de las personas que conoces, y lo que puedes crear con ellas, así que sal y empieza a crear. Dale vida a tu sueño, y vístete con tu pasión. La vida es corta.

Wednesday, 12 October 2011

Esos pollitos....

Si se sienten incómodos con tu presencia, es porque conocen el brillo de tu persona, saben de tu fuerza, envidian tu carácter y temen que otros vean que el brillo de tu alma es avanzado.

No es la apariencia, es la esencia.
No es el dinero, es la educación.
No es la ropa, es la percha.
No es la edad, es la madurez de alma y corazón.

La ignorancia genera envidia, que es sinónimo de incapacidad.

Thursday, 29 September 2011

El Aborto

Evoco hoy el relato -seguramente apócrifo- según el cual el buen Jesús, clavado en el madero, pronunció sus dolientes palabras: “Padre: Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Dimas, el buen ladrón, le habría dicho: Sí saben, Señor. Lo que pasa es que se hacen pendejos”. No nos hagamos nosotros así. Cuando se trate el tema del aborto reconozcamos que en el vientre de la madre hay una nueva vida desde el momento mismo de la fecundación. Yo soy un convencido -cuando alguien empieza a hablar con esa frase de seguro va a decir una obviedad- yo soy un convencido, digo, del derecho que tiene la mujer a decidir sobre su cuerpo.

Sobre su cuerpo, sí, no sobre el de otro. Lo que se expulsa en el aborto -púdicamente llamado “interrupción del embarazo” para no usar esa palabra tan fea- es un ser humano cuya vida, en efecto, se interrumpe. Será inútil cualquier maroma dialéctica que se intente para negar tal cosa. A ese nuevo ser no se le debe negar el derecho a la vida, como tampoco al niño ya nacido se le puede conculcar su derecho a seguir viviendo hasta convertirse en adulto. No creo, sin embargo, que la mujer que aborta deba ser tratada como una criminal. Y es que una cosa es el delito, y otra muy diferente el pecado. Delimitemos bien los reinos de la moral y de la ley. Yo puedo cometer todos los pecados mortales que enumeró el padre Ripalda en su olvidado catecismo, y al hacerlo no incurriré en ningún delito. Puedo ser soberbio, envidioso, avaro, perezoso, goloso, iracundo o lujurioso sin contravenir ninguna de las leyes de los hombres. ¿Acaso irá alguien a prisión por ser güevón, comelón o cogelón, dicho sea con perdón?

El aborto es calificado por la religión como pecado grave, pero eso no obliga a los legisladores a ponerlo en el Código Penal como delito. Muchas veces detrás de un aborto hay un profundo drama humano, que puede ser el de la pobreza, el de la presión de las convenciones sociales, el del abuso cometido contra la mujer. Antes eso daba lugar a otros dramas, cuando las prácticas abortivas se llevaban a cabo en la clandestinidad. De ahí derivaban terrible sufrimiento y muertes. Origen de todo esto es la falta de educación sexual.

No deja de ser paradójico que una institución como la Iglesia Católica, que ayer se opuso terminantemente a la educación sexual, ahora proteste por uno de los efectos causados por la falta de esa educación. Igual oposición sigue mostrando la Iglesia al uso de algunos medios anticonceptivos, por ejemplo el condón, en tanto que admite el método del ritmo. (O sea, se puede burlar a la naturaleza por medio de las matemáticas, pero no de la física). Muchos embarazos no deseados se evitarían si todas las instituciones -el Estado, la Iglesia, la escuela, el hogar- se ocuparan en educar a las nuevas generaciones para ejercitar su sexualidad en forma responsable, y si se difundieran, con respeto absoluto a las personas, los medios para evitar los riesgos que derivan del sexo mal ejercido. Nunca estaré de acuerdo yo con el aborto, pero jamás aceptaré que se castigue a la mujer que aborta. Eso es cuestión de conciencia. Consulte con la suya cada quien. Y el creyente -o la creyente- escuche las palabras de su Dios, que desde la cruz sigue diciendo aquellas palabras amorosas: “Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen”...


Fuente: Catón

Thursday, 15 September 2011

Y también, por ejemplo...

Vivan quienes inculcan en sus hijos el orgullo del pasado. Vivan quienes comparten con sus padres la vergüenza por el presente. Vivan quienes ofrecen a sus abuelos la esperanza en el futuro.

Viva el adulto que se compadece del terror de sus niños. Vivan los niños que imaginan el sufrimiento de sus adultos.

Viva el paria que no sucumbe a la tentación del homicidio. Viva el gobernante que prescinde de la fuerza.

Vivan quienes conjuran en los parques y a la vista de todo mundo. Vivan quienes saben que la Constitución es el más subversivo de todos los textos.

Viva el dirigente que no demanda el sacrificio de sus seguidores. Vivan los seguidores que vigilan a su dirigente.

Viva el trabajador que asume su tarea con dignidad. Viva el empresario que no hace negocios a costa de su dignidad.

Vivan los indios, que llevan a cuestas medio milenio de agravios.

Vivan quienes rechazan los eufemismos y las mentiras. Vivan quienes se niegan a llamar “baja colateral” a un asesinato.

Vivan los que pierden todo en cada incendio, en cada inundación, en cada crisis, en cada balacera, en cada saqueo y en cada terremoto, y siguen en ceros, pero siempre necios con su amor a la patria.

Vivan las mujeres que desobedecen al cardenal. Viva el obispo que denuncia los pecados del poder.

Vivan los gays y las lesbianas que salen del clóset. Vivan los heterosexuales que no convierten el clóset en un arma contra el prójimo.

Vivan los hombres que se inclinan ante la majestad de la inteligencia femenina. Vivan las mujeres que no usan su inteligencia para humillar a los hombres.

Vivan los aguerridos que exigen paz. Vivan las personas de buena fe que no se tragan los pretextos para justificar la guerra.

Vivan los jóvenes que defienden su derecho a la educación. Vivan los jóvenes excluidos de la educación.

Viva la vecina a la que le encargan hijos ajenos. Viva el automovilista que no se desespera. Viva la que hace cola, el peatón, la víctima de la usura. Viva la desempleada que aún escucha música.

Vivan los agricultores que defienen su entorno ecológico. Vivan los barrios que resisten los proyectos urbanos destructivos y depredadores.

Viva el empleado público que no roba, el contador que no pone un cero de más o de menos, el delincuente que se rehabilita, el comerciante honesto, el funcionario que desobedece a su superior antes que desobedecer a sus propios escrúpulos.

Vivan los científicos y académicos que tienen la cabeza en galaxias y paradigmas, pero los pies en Chalco.

Viva la abogada que concilia la ley con la verdad y la decencia. Viva el médico que no le cobra al que está enfermo del cuerpo y del bolsillo. Viva el restaurantero que perdona la cuenta al que olvidó la cartera. Viva la tendera que da fiado aunque el banco le niegue un crédito.

Vivan los migrantes que sostienen a un Estado que no los defiende. Viva la memoria de quienes se quedaron tirados en el desierto.

Vivan los nombres de las mujeres asesinadas. Vivan los extranjeros miserables vendidos a los Zetas por los agentes del Instituto Nacional de Migración.

Vivan los electricistas. Vivan las sobrecargos y los pilotos de Mexicana. Vivan los telefonistas. Vivan los universitarios. Vivan los petroleros y y los maestros democráticos. Vivan los mineros y los metalúrgicos. Vivan los indígenas de Copala, los comuneros de Cherán, los ejidatarios de San Salvador Atenco. Vivan las madres y los padres que se quedaron huérfanos de sus hijos en la Guardería ABC.

Vivan quienes padecen la ofensiva de los delincuentes, de los militares y de la policía, en Chihuahua, en Tamaulipas, en Veracruz, en Colima, en Durango, en Nayarit, en Nuevo León, en Michoacán, en Sonora, en Guerrero, en Coahuila.

Vivan los políticos honestos, los policías con vocación de servicio y los soldados que se niegan a torturar.

Vivan los veterinarios y los albañiles. Vivan los ingenieros, los comerciantes ambulantes, los taxistas, los cineastas y los meseros. Vivan los músicos, las actrices y los mecánicos. Vivan los hueseros, los muerteros, los camioneros y los moneros. Vivan las maquillistas y las modistas, los bailarines y las pintoras, los carniceros y los matemáticos, las dentistas, los hojalateros, los impresores y los jubilados.

Vivan quienes no pierden el ánimo ante fraudes y encuestas amañadas. Vivan quienes sigan tomándose en serio la soberanía nacional.

Vivan quienes defienden las garantías individuales, los derechos humanos, sociales, políticos, reproductivos y ambientales, las conquistas laborales, la libertad de expresión y el libre tránsito.

Vivan quienes alientan la civilización en medio de la barbarie.

Vivan los que no le creen a la televisión, los indignados, los excluidos, los que están hasta la madre, los que no quieren más sangre.

Vivan quienes resisten y se organizan. Vivan las y los jodidos que nos siguen dando patria todos los días.

Vivan los sobrevivientes, los deudos y los heridos.Vivan los muertos.

Viva Cuauhtémoc. Viva Gonzalo Guerrero. Viva Fray Bartolomé de las Casas. Viva Francisco Tenamaztle. Viva Jacinto Canek. Viva Fray Servando Teresa de Mier. Viva Francisco Primo de Verdad. Viva Miguel Hidalgo. Viva Josefa Ortiz de Domínguez. Viva José María Morelos. Viva Leona Vicario. Viva Francisco Xavier Mina. Viva Vicente Guerrero. Viva el Batallón de San Patricio. Viva Benito Juárez. Viva Ignacio Zaragoza. Viva José Santos Degollado. Viva Melchor Ocampo. Viva Mariano Escobedo. Vivan Ricardo y Enrique Flores Magón. Viva Emiliano Zapata. Viva Aquiles Serdán. Viva Francisco Villa. Viva Antonio Díaz Soto y Gama. Viva Felipe Carrillo Puerto. Viva Lázaro Cárdenas. Viva Francisco Múgica. Viva Rubén Jaramillo. Viva Benita Galeana. Viva Valentín Campa. Viva José Revueltas. Viva Heberto Castillo. Viva Samuel Ruiz.

Viva el EZLN. Viva la APPO. Viva MORENA.

Vivan la paz, la verdad y la vida.

Viva México. Viva México. Viva México.

Tuesday, 6 September 2011

Ganancia

Carajo, siempre he sido viejo, pero saben, realmente no me importa. Quiero decir, si los músculos me duelen es porque los he usado, si cada día me cuesta un poco más subir los escalones, es porque los he subido noche tras noche para acostarme junto a la mujer que me ama. Tengo arrugas aquí y allá, pero he estado bajo miles de días soleados. Si a veces me siento de esta forma, es porque he bebido y fumado. He vivido y he amado, bailado, cantado, sudado, y también la he cagado incontables veces a través de esta chingada buena vida que me he dado. Hacerse viejo no está del todo mal, envejecer, es ganancia.